Archive for the ‘opinión’ Category

El Garabato

Saturday, May 15th, 2010

Últimamente me ha tocado viajar con frecuencia a  Nicaragua. Yo feliz, porque la comida nica me encanta. Ayer lo hablaba con Solentiname: es una comida tan sencilla, con unos sabores tan limpios, que sabe combinar la esencia de lo básico, los olores, las texturas… El  resultado es una tradición culinaria fresca, con platos que van de lo ligero del matambres a la insolencia de una comida para vaquero. Soy fans declarada.

Ahora, no es particularmente fácil encontrar lugares para comer comida típica nicaragüense en Managua. Eso es bastante contradictorio. En el campo, en cambio, cualquier cosa que le sirvan a usted en una casa tiene los 3 ingredientes básicos de la dieta nica: maíz, frijoles y queso. Sí: tortilla con fritos y cuajada. Muy, muy rico, aunque poco apto para las panzas que están acostumbradas a desayunar cereal con yogurt.

Pero volvamos a Managua, que se las trae. Una ciudad amplia y calientísima, que se extiende al lado del lago con pereza y en planicie. Se encuentra de todo, desde ventas ambulantes hasta comida rápida de mall. Lo que cuesta ver, insisto, es un restaurante típico que haga suya la tradición culinaria nica y la lleve más allá de las pretenciones, agregando aquí y allá otros elementos locales para fusionar lo viejo con propuestas más refrescantes; que evoque lo antiguo y lo revuelva con novedad para generar un dejo de cocina fusión que  sin embargo no opaque la sencillez propia de una cocina volcada por completo a la tierra.

Ese es El Garabato. Cuando lo descubrí, se me salieron las lágrimas. Ubicado en la llamada Zona Hippo, en medio de otro montón de restaurantes, bares, marisquerías y  más, El Garabato resalta no solo por el olor que emana de su cocina, sino por el ambiente del local, el servicio impecable y la intensidad del menú. Entrás a un lugar en el que se combinan mesas de madera con sobre hueco y cubierta de cristal. Adentro, se mezclan granos de café de diferentes tuestes y colores, que crean arabescos en tonos muy cálidos. Cada detalle está muy bien cuidado: la tienda-librería, la música nica que suena sin parar todo el día, los cocteles de fruta frozen con ron. Yo me enamoré <3

Desde las Enchiladas Matagalpinas (tortillas de maíz tostadas, cubiertas de frijoles, queso y repollo, con natilla por encima) hasta el Chancho con Achiote que acompaña algunos de  los platos fuertes. Unos tamalitos de frijol con chile en tamaño de  entradita (la masa suave,  impecable, muy bien aliñada con comino). La parrillada de la casa, acompañada con gallo pinto, tortillas y una buena cantidad de  tajadas (plátanos tostados). Los cocteles que llevan el nombre de los volcanes: de guayaba, de tamarindo, de mango… Ah, y el ceviche de la casa. El ceviche de la casa, de pescado o mixto (con camarones) viene aderezado con trocitos de mango maduro. No muy maduro, no muy verde: en el punto en que todavía está crocante, pero la dulzura le gana al ácido. Cebolla, chile dulce y culantro frescos. Mucho limón y pimienta. Una Toña… vámonos para Granada!!!

garabato

Yo le recomiendo encarecidamente que si pasa por Managua saque el ratito y vaya a El Garabato. No pierda el rato en platos fuertes: pídase todo el menú de entradas, para que pruebe muchas cosas ricas de una sentada. Los tacos de res, parecidos a los ticos pero con crema. Los tostones con frijoles. El ceviche. Los tamales. No se lo pierda: en la parte trasera hay un patio divino para sentarse a tomar coctelitos en las noches calientes de verano (lleve antimosquitos, porque toda la ciudad está plagada). Deje espacio para el postre y PRUEBE el maduro en gloria (bananos rostizados servidos con salsa de caramelo y  helado de vainilla). Revise la bibliografía que ofrecen en la tienda y apoye a los grupos organizados de mujeres artesanas que distribuyen sus bolsos de periódico reciclado. No deje de comprar un disco de Guardabarranco, o una barra de chocolate artesanal. Pásela bien a buen precio, y quede con ganas de volver.

¿Qué? Restaurante El Garabato.

¿Dónde? Los Robles, del Hotel Seminole 2 y 1/2 cuadras al sur (en la zona Hippo), Managua, Nicaragua. Teléfono 2278 3156

¿Cuánto? Por 30 dólares comen y beben dos personas muertas de risa, postre incluido.

Horario: todos los días, de 10 am a 10:30 pm.

¿Iría de nuevo? TANTO… cada vez que pueda

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La Crema Catalana y cómo rescatarla (o no echarla a perder)

Monday, May 3rd, 2010

Pues a veces uno cocina con las mejores intenciones y termina echando a perder la comida.  En unos casos mejor tirar a la basura las cosas y comenzar de cero nuevamente, pero en otros casos los ingredientes nos exigen que busquemos soluciones creativas.

La Receta:

Una crema catalana. Básicamente es leche aromatizada con cáscara de limón y canela, a la que se le agrega azúcar y una cantidad obscena de yemas de huevo. Un poco de maicena para espesar y poner eso en una olla hasta que quede deliciosamente cremoso. Meter en la nevera y a las 3 horas sacar los moldes, espolvorear con azúcar y caramelizarla con el horno, una plancha o un soplete.  Al final se parece a la Crème Brûlée, pero ésta última se cocina en el horno en un baño maría.

Resulta que cuando uno hace la crema catalana o cualquier otra base con yemas de huevo en leche caliente hay que tener miles de cuidados para que no se nos corte la preparación.  Se las voy a dar de antemano para que no les pase lo que a mi:

  • Revuelvan constantemente y no se detengan por ningún motivo.
  • Temperen las yemas con un poco de la leche caliente antes de echar las yemas a la olla con el resto de la leche.
  • Cuidar que no se le suba demasiado la temperatura a la preparación.
  • No dejar que espese mucho antes de poner en los recipientes.

Si no hacen algunas de estas cosas, es altamente probable que terminen con huevos revueltos en el fondo de la olla. Como me pasó. Sin embargo, no todo está perdido.

Digamos que echaste a perder la crema: está separada como leche cortada o está llena de grumos. Saca la licuadora y vierte todo el contenido de la olla al vaso de vidrio.  La receta para arreglar la crema pedía “heavy cream”. Si ustedes tienen, úsenla. Yo usé un chorrito de leche entera. Estará caliente así que después de tapar la licuadora, cubre la tapa con una toalla de cocina para sostenerla. Licuar por un rato. Verán que la crema recuperará su suave textura.

Sin embargo, ya no espesará la crema al ponerla en la nevera. Nos dimos cuenta porque a las 3 horas regresamos y seguía tan líquida como un rompope. Así que ahórrense ese paso, laven bien la olla donde tenían la mezcla cocinando. En un vasito con un poco de leche fría, mezclen 1.5 cucharaditas de maicena. Ajusten el fuego muy bajito y vuelvan a echar la mezcla directo de la licuadora. Esperen que caliente un poco (sin dejar de revolver) y échenle la mezcla de maicena. Sigan revolviendo. Cuando la mezcla cubra la parte de atrás de la cuchara y ustedes al pasar el dedo queda una franja que no se vuelve a llenar de crema, es que está en su punto. Viértan la crema en los moldecitos y a la nevera.

Ahora sí, esperen un tiempo prudencial: o sea, que al poner la capa de azúcar sobre la crema, ésta tenga la superficie lo suficientemente firme como para que el azúcar no se vaya al fondo.  Pongan el azúcar sobre la crema, y pongan la crema en la parrilla más alta de su horno, y dejen que se derrita el azúcar en la superficie. Otra opción es calentar muy bien un cucharón metálico (de mango plástico para que  no se quemen) y con la parte convexa de la cuchara aplanchar el azúcar para derretirla. O como yo, si tienen un soplete, pueden darse el gusto.

Sopleteando a las 4am

Sopleteando a las 4am

Después de tanto trabajo qué tal nos fue con la crema? Pues la textura quedó como tenía que ser, pero creo que fue demasiado el esfuerzo y expectativa: nos supo a colada de maicena.  Creo que la magia de estas sencillas preparaciones es usar los ingredientes más frescos y deliciosos:  en nuestro caso pues la leche hubo que descongelarla, y los huevos eran de supermercado.  Me imagino en una finca, con leche recién ordeñada y huevos de gallina de pastoreo debe ser otro universo.  Y entonces, podré hacer la crema sin contratiempos, porque echando a perder se aprende.

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Pimienta

Tuesday, April 27th, 2010

Tengo que confesarlo: desde que vi su página web me dieron ganas de ir. Queda a la vuelta de mi casa, y cuando una pasa al frente, como que llama. Deben ser las rayas rojas y blancas, combinadas con el celeste de las paredes. Y también que desde afuera se ven unas lindas mesas de madera adornadas con manteles de cuadros, y bueno, yo soy de vieja escuela, así que esos detalles me llenan de emoción.

El lunes anterior pasé por ahí con Jen, Beto y Cristian. Mediodía con mucho calor. La limonada de Jen estaba deliciosa, y nuestros vasos rojos de soda llenos de coca  (con refill de cortesía) de nuevo me transportaron a un deli gringo de los que salen en las pelis. +1 para Pimienta. A la hora de ordenar, nos costó un poco decidirnos. Y aquí mi primer crítica constructiva para el restaurante: el contenido de su menú es muy tentador, pero 4 fotocopias pegadas con grapas no es precisamente  lo que una espera en un lugar que parece cuidar tanto de los detalles. -1 para Pimienta.

La recomendación de la casa fueron las hamburguesas. En efecto, estaban muy buenas,  especialmente la Teriyaki, que me atrevería a colocar como el mejor plato de la carta: trocitos tostados de wantan que se deshacen en la boca y una salsa de maní deliciosa, que combina maravillosamente con el sabor de la carne. La hamburguesa es gigantesca, y viene acompañada con una buena ración de papas a la francesa.

hbteriyaki

Además de las hamburguesas, probamos los nachos clásicos y la quesadilla de chorizo. Ambos platos grandes, ricos, y muy bien presentados. La idea de comida TexMex es bastante popular en Costa Rica, pero me parece que Pimienta logra tener ese toque individual que hace que uno quiera volver. Buenas combinaciones de quesos y platos sencillos pero ricos, con mucho cuidado en la presentación.

Durante nuestro almuerzo, fuimos visitados por don Juan Guillermo Castro, dueño del restaurante, quien va de mesa en mesa asegurándose de que sus clientes estén a gusto en el local y estén disfrutando su comida. Esto hace que Pimienta sea un restaurante muy acogedor. Se siente una realmente como en la casa. En la caja, no hubo ningún problema para pedir cuentas separadas, y don Juan Guillermo nos obsequió unas tarjetas del restaurante que en la próxima visita podremos intercambiar por sopa azteca, papas alioli o unos sabrosos dips de espinaca con alcachofa o queso con carne.

Perfil.

¿Qué? Restaurante Pimienta.

¿Dónde? 300 mts al Sur de Plaza Cristal, Barrio José María Zeledón, Curridabat. Costa Rica.

¿Cuánto? Entre los 3000 y los 7000 colones. Menú ejecutivo por 3500 a la hora de  almuerzo. Se sirve desayuno.

Horario: Martes a Jueves 8 am a 9 pm.  Viernes y sábados de 08 am a 10 pm. Domingos de 8 a 8. Cerrado los lunes.

¿Iría de nuevo?: Fijo. Me quedaron varias cosas por probar. Si usted quiere una hamburguesa rica a buen precio, este es el lugar.

Visite a Pimienta en Facebook y Twitter, para más información.

** Otra foto cortesía de Jen

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Wok & Noodles

Thursday, April 22nd, 2010

Entrar ya es un show: lindas y pequeñas mesas bien dispuestas, en un lugar ordenado y limpio, con buena luz y un gusto que inmediatamente hace sospechar la presencia de un diseñador en escena. Y usted no se equivoca: la pareja que ideó el proyecto es joven, y está compuesta por un hijo de chef que salió pintado (y además estudió farmacia y artes plásticas) y una diseñadora gráfica con experiencia en el área de la publicidad.

Se nota en el diseño de las mesas, el color de las paredes, la disposición del espacio y la presentación de la comida. Algo muy importante sobre este local es su ubicación: el área de bares que rodea a la Bomba La Primavera, en Barrio La California. Gracias, dios, hay un restaurante en la zona, se repite usted a viva voz cuando pasa por ahí y lo descubre, justo al ladito del Areacity.

¿Y qué se come en Wok and Noodles? Comida fusión asiática muy rica. En particular, me gustan las salsas y la forma natural en la que don Roberto Lai le mete pedazos de fruta a las cosas. Hace que la comida se vea linda. Y hace que la comida sepa bien. Mi plato favorito es el aguacate relleno, que usted tiene que ver con sus propios ojos, y saborear en persona, porque no se puede describir:

aguacate

El menú es variado y pasa por China, Japón y Tailandia brincando de un lugar a otro y revolviendo un poco de aquí y otro de allá para lograr una combinación casi perfecta de sabores. He visitado el lugar en dos ocasiones, y he probado al menos la mitad del menú. Resalta el arroz frito vegetariano, con trocitos de jamón de soja, piña y otras delicias. Tambié los hot pot son altamente recomendados, especialmente el de carnes (Tierra).

Usted puede pasar por una cerveza y unas bocas, los wantan son deliciosos, y los tacos chinos también. Pregunte por las bebidas de la casa (en especial ese licor de arroz que viene en un vasito muy lindo). ¡Ah! Y ordene en la caja postres por encargo (bastante buenos, por cierto).

Visite la página de Facebook de Wok & Noodles para más información sobre platos del día, ofertas, y para que revise el menú. A mí los precios me parecen razonables para  la cantidad y calidad de la comida. El servicio es, en general, bastante bueno, el baño está limpio y el volumen de la música permite conversar. Un lugar con buena vibra, y el emprendimiento de una pareja joven que sabe cómo, cuándo y qué. Vale la pena llegar.

Perfil.

¿Qué? Restaurante Wok & Noodles.

¿Dónde? Barrio La California, 50 mts al Sur de la Bomba la Primavera, San José, Costa Rica.

¿Cuánto? Entre los 1200 (entrada de alitas de pollo) hasta los 4950 (camarones Thai en salsa de curry y coco) colones. Revise también el menú de bocas, cuyos precios van de los 1000 a los 1650 colones.

Horario: Puede pasar desde la hora de almuerzo (11:30 am) hasta las 11 pm, y con suerte se lo encuentra abierto más tarde, si hay suficientes comensales por la calle. Cerrado los lunes.

¿Iría de nuevo? De hecho, tengo ganas de ir hoy.

** La foto es de Jen

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Mi fijación con el tagliatelle

Monday, December 14th, 2009

Ir a la feria me encanta. Encuentro rollos de espárragos gigantescos que cuestan 2500 pesos, y champiñones frescos que todavía tienen tierrita en los tallos. Además, de rebote, regreso a mi casa MUERTA de hambre. Como voy a la feria a eso de las 11 am, me queda perfecto regresar a la casa a preparar el almuerzo. Hay un día a la semana que me fascina preparar el almuerzo: los domingos, con la verdura fresca que compré recién en la feria. Yo ahí soy muy feliz, y quien me conozca y me haya visto cocinando después de la feria sabe que no miento.

Pongo este ejemplo, que me gusta ver:

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Ahí hay 4 ajos cortados bien finito. 1 rollo de espárragos frescos, cortados en 3. 15 champiñones frescos cortados en cuartos. Y lo más importante, tocineta. Toda la que quiera (yo le puse como 10 tiras cortadas en pedacitos). Primero, la tocineta y el ajo. A fuego medio, para que suelte toda la grasa. Un poquito de sal, otro de pimienta negra… Luego los espárragos, y dejamos que se suden un poquito. Finalmente agregamos los champiñones, y dejamos cocinar por unos minutitos.

A esta delicia le ponemos algo de mantequilla. No mucha, porque ya con la grasa de la tocineta es casi suficiente. Le agregamos una taza de leche y dejamos que comience a hervir. En una taza aparte, disolvemos una cucharada de fécula de maíz en otro poquito de leche y la agregamos a la sartén, revolviendo constantemente.

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Así de rico va a ir quedando, se lo garantizo. Yo en general a estas salsas siempre les pongo un  poquito de azúcar, porque por alguna razón tienden a quedar más sabrosas. Y bueno, vamos ahora al título del post y mi fijación con el tagliatelle. Entre otras  cosas de la Emilia Romaña que me cortan la respiración (a la par del acento y el cine), el tagliatelle es eso… una fijación. Ojalá fresco, y hecho en casa. O de paquetito de  papel, del que ahora venden en algunos súpers, también artesanal y de huevo. Sobre todo porque si la pasta es buena, al huevo es  mejor. El tagliatelle se impregna con las salsas, se enrolla graciosa y delicadamente sobre sí mismo en el tenedor, sin salpicar, sin deslizarse. Es pasta larga manejable, no como el estúpido fetuccini, que además de insípido es imposible de manipular con paz. En general, preparo salsas con muchísima frecuencia, siempre pensando en las  otras pastas cortas que compré, o en una carne para acompañar… pero a mí todos los caminos me conducen al tagliatelle.  De repente ya lo herví un poquito en agua con aceite de oliva, y ya lo revolví con cualquier salsa que estuviera preparando…

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En fin… no hay palabras para describir la delicia. O sí, sí las hay: qué delicia. En la salsa se terminan de cocinar, y se van impregnando del sabor ahumado de la tocineta. Les ponemos un  poquito más de pimienta negra para alinear el sabor, y lo que sigue es más cuestión de antojo y placer, usted los sirve como más le guste. En mi caso, como la salsa es un poquito dulce, la albahaca sienta perfectamente, y un poquito de parmesano rallado termina de acomodar la sazón. Y lo que termina sucediendo es esto, que me como dos platos o más.

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Le digo que la suavidad de la pasta combinada con el crunch de los espárragos es una de  las mejores cosas del mundo. No sé la verdad cuánto se dura preparando esto, ni si quedaría más rico con un poquito de cebolla roja y eneldo, pero creo que valdrá la pena seguir experimentando sobre esta receta a ver adónde vamos a parar.

Que aproveche.

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El extraño mundo de las bebidas naturales

Wednesday, December 9th, 2009

A usted seguramente le ha pasado que, sin darse cuenta, se ha ido metiendo en la secta del fresco de polvito (la única secta peor que la del fresco de polvito es la secta de la cocacola). Usted no tuvo la culpa de caer ahí: esto fue una combinación de factores, una cuestión de horarios, de conveniencia, de necesidad. Sabemos que ir a la feria  no es su fuerte, y que la fruta fresca de súpermercado es fea, pasca, cara… Esa puede haber sido, digamos, la primera excusa.

La segunda, pongamos, conveniencia, es bastante importante. ¿Quién puede refutar la facilidad de abrir un paquete de polvito, tirarlo dentro del litro de agua, batir y beber? La fruta hay que pelarla, picarla, licuarla, endulzarla… se pudre en dos momentos si no se gasta, uno no tiene tiempo para todas esas cosas… blah, blah, blah.

Supongamos que usted tiene toda la razón. La tiene: el extraño mundo de las bebidas naturales es un lugar en el que el disfrute requiere de  tiempo, dedicación, interés. Requiere de paciencia, de ganas de pasársela bien, de disposición. Este post es  un post de consejos. Si quiere seguirlos bueno, y si no también. Aquí está esta foto, por ejemplo:

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En esto se duran de 3 a 5 minutos, más el rato previo de preparación de los ingredientes. Y bueno, aquí es donde me pongo vivencial y le cuento que yo, los domingos, voy a la feria. Voy a la de Zapote, porque esa termina como a las 2 de la tarde, y yo en general trasnocho los sábados. Bueno, decir que la feria siempre es muy temprano no es excusa: repito, esta termina a las 2 pm. Entonces, le decía, voy a  la feria. Compro muchas cosas, pero en la lista siempre hay algunas que son de vital importancia: papaya, fresas, naranjas, piña, apio, hierbabuena.

Con esas cosas me preparo bebidas naturales. “Qué pereza”, dirá usted. Yo le digo de vuelta “whatevs”. Llego a mi casa de la feria, lavo todas las fresas y las pongo en un túper en el congelador. Hago lo mismo con la papaya y la piña. Todo congelado: dura la semana entera y hasta más. Yo, con mi fruta congelada, me acuesto a dormir tranquila, porque al día siguiente voy a tener todos los ingredientes necesarios para mi smoothie. Así tomo fruta todos los días por la mañana, o preparo un refresco para el almuerzo, y me alejo de la peligrosa secta del refresco de polvito, que además tiene otros dioses impíos y miserables como las “salvaditas sardimar” y   puré de cajita.

Dos naranjas, unas 5 fresitas congeladas, un par de pedacitos de otra fruta congelada (con papaya yo soy feliz), una cucharadita de azúcar… tres minutos,  y listo. Aléjese de las sectas del “no tengo tiempo”: créame que su cuerpecito se lo va a agradecer al corto, mediano y largo plazo.

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Manjar

Saturday, October 10th, 2009

Mentira: a mí no me gusta el plátano maduro. De hecho, es una de las cosas más singracia que conozco, y solo me convence en una empanada muy bien hecha, que posiblemente cocinó mi mamá. Lo que más me estorba es que la gente lo pone en los “casados”: toda la comida que se sirve en las sodas de este país tiene plátano maduro. Y los restaurantes más “finos” con el cuento de “acriollar” la comida, también le ponen maduro. Fatal.

No me estorba tanto el plátano como la necedad de asociarlo siempre con un plato de arroz y frijoles con bistec. Como ya dije, en empanada sabe muy bien. Y mi abuelita hacía una miel de maduro bastante buena, considerando que llevaba maduro.

En fin, mi mamá trajo maduros hoy en la mañana. Y lo único que se me ocurrió para gastarlos todos de una vez y que no se pongan negros y comiencen a atraer mosquitos a mi cocina, fue meterlos al horno. No me he comido ni uno, pero quienes los probaron, afirman a l unísono que “solo buenos”. Les quité la cáscara y los partí a la mitad. Por pura intuición les puse por encima cosas que saben ricas juntas: miel, mantequilla y canela. Estuvieron en el horno como 40 minutos, y después los saqué, para seguir poniéndoles encima cosas que saben ricas: natilla y queso rallado.

Los metí de nuevo al horno como 10 minutos más, solo para gratinar. Ya a estas alturas la casa olía a puro maduro con queso. A mí no me hace mucha gracia, pero el muchacho que está pintando el muro de la vecina comenzó a decir que qué rico, que ojalá y lo invitaran. Me imagino que si me gustara el maduro estaría muy de acuerdo con él.

El resultado final es que mi mamá está muy orgullosa de mí. Mis maduros con queso parecen estar tan ricos como los que sirven las señoras del barrio. Yo, personalmente, creo que es la canela, pero si ella dice que sí, es sí. Tal vez me anime a comerme uno esta tarde, con él café. Porque la verdad se ven bastante ricos.

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La cocina temática 2: noodles

Sunday, September 13th, 2009

Mucha gente con la que he hablado de comida tiende a externar constantemente la molestia que le genera cocinar cuando no hay más comensales. Eso a mí me parece rarísimo, porque lo que más me gusta es cocinar para comer yo, y que los demás vean a ver qué hacen… bueno, tampoco así: me encanta cocinar para comer yo solita, pero también para que coman otros.

Any ways… he ido llegando a la conclusión de que esta molestia de cocinar para uno solito debería más bien llamarse “pereza”. No es lo mismo que a uno no le guste cocinar para mí sola a que a uno le dé pereza cocinar para mí sola. Seguro que la pereza viene de tener que parar con lo que una está haciendo para ponerse a hacer otra cosa que no le interesa tanto, y ahí es donde terminamos en uno de los siguientes escenarios:

- chino,

- cualquier otro delivery que haya en el barrio,

- sobros de ayer,

- pan con queso, o

- cup a noodle.

Reconozco que he estado en alguno de estos escenarios alguna vez, sobre todo el primero y el último. El último con más frecuencia, porque ahí sí que sale una al paso por 500 colones. Pero igual, por más Ramen con sabor a hongos o camarón, no me gusta comer cochinadas (sí: el cup a noodle cae dentro de esa categoría). Usualmente una tiene un tarro lleno de cosas que se compraron para dejarlas podrir en la nevera: zanahorias, chiles dulces, una rama de apio, unas cebollas, culantro, cebollín… Y hay un paso entre comerse una sopa aguada de ramen o un buen plato de noodles con sabor a cielo. El fideo de arroz, al igual que la pasta, es tan versátil que se puede hacer casi cualquier cosa con él: desde un omelete hasta una ensalada. A mí me gusta comerlos tibios, y combinarlos con vegetales, para quedar más satisfecha y no sentir que comí cartón de paquetito.

Esta receta que acaba de surgir de la necesidad -y de la ausencia de comida en la casa- es una especie de ensalada tibia de noodles, que  ya me estoy terminando de comer y les puedo decir que quedó sabrosísima. Usé 2 paquetitos de ramen, 1/4 de chile dulce cortado en julianas, 1/2 cebolla cortada en julianas, 1 rama de apio cortada en rodajitas, 4 ramitas de culantro bien picadas, 1 zanahoria rallada, 1 cucharadita de jengibre rallado, 1/2 aguacate, una cdita de ajonjolí, mantequilla, sal, paprika, aceite de ajonjolí, salsa de soya y azúcar.

Cociné el ramen según las instrucciones de la bolsa, pero sin añadirle el glutamato monosódico de dudosa procedencia que viene en el paquetito metálico. Mientras tanto, hice un sofrito con el jengibre y un poquito de mantequilla. Luego añadí la cebolla, el apio y el chile dulce. Por último la zanahoria. Este sofrito lo fui condimentando a los pocos con salsa de soya, aceite de ajonjolí, azúcar y sal (para la gente que a estas alturas se comienza a poner nerviosa con las cantidades, pongámosle que usé 1 cda de salsa de soya, 1/2 cda de aceite de ajonjolí, 1/2 cda de azúcar, y la sal… ahí sí le quedo mal, eso va a depender de su gusto).

Evidentemente, en lo que esto estuvo listo,  ya los noodles estaban cocinados y escurridos. Esto es una cuestión de lógica matemática: cualquier cosa que tenga almidón, si se queda más tiempo del necesario en el agua, se pone babosa. Así que cuando sus noodles estén suaves, páselos a un colador y déjelos ahí mientras sigue con  las otras cosas. Ahora bien, ya con todo listo, agregue los fideos al sofrito y revuelva. Y ahí sí, pruebe otra vez. A estas alturas lo peor que puede pasar es que no sepan a nada. Entonces lo único que debe hacer es ponerles más aceite de ajonjolí, más salsa de soya, más azúcar… y listo.

Páselos a un plato y por encima tire el culantro, un poquito de ajonjolí, la paprika, y el aguacate, cortado como más fácil le parezca. Y le garantizo que no le van a durar nada en el plato. Yo ya repetí, porque obviamente hice más de la cuenta.

Provecho!

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Samoas: Galletitas de Coco, Dulce de Leche y Chocolate

Saturday, September 5th, 2009

Hay días en que quiero sentirme habilidosa en la cocina. Especialmente cuando el refrigerador luce recién salido de la tienda, con una botella de agua, un solitario limón y paquetitos de condimentos.

Esta receta salió publicada en bakingbites.com, pero yo la encontré via Kottke.org. Es la versión casera de unas famosas “galletas de niñas exploradoras” llamadas Caramel Delites o Samoas.  En Estados Unidos, las niñas exploradoras (“Girl Scouts”) iban de casa en casa vendiendo galletas (desde 1917!).  Coco, dulce de leche, chocolate semidulce… Son un éxito.

Galletas Samoas

Galletas Samoas

Asi que rumbo al super después de un día de trabajo:

Lista de compras:

  • 2 barras de mantequilla
  • una  bolsa de coco rallado
  • una lata de dulce de leche o una bolsita de dulce de leche ( yo usé una de Nestlé). También podría poner a hervir en una olla de presión una lata de leche condensada.
  • Bolsa de chips de chocolate semidulces
  • Harina, azucar,  polvo de hornear, vainilla, sal, si no hay en casa (revisar antes de salir la próxima vez!)
  • Si no hay nada de leche, comprar una mini cajita de leche o pedirle al vecino (solo necesité 2 cucharadas!)
  • Tenés papel encerado y papel pergamino? El papel encerado es para “ensanduichar” o estirar la masa entre 2 hojas de papel encerado, y el papel pergamino es para colocar en la bandeja y colocar la masa encima, para llevarlo al horno. El papel encerado no me funcionó para llevarlo al horno, pero supongo que papel aluminio puede funcionar de emergencia.

Esta receta viene en tres partes. Primero preparo las galletas, luego la mezca de coco y caramelo, y finalmente les cubro la parte de abajo con chocolate y decoro por arriba. No requiere de mucha habilidad, y el resultado es de lujo.

Galletas

1 tz  Mantequilla, suave  (2 barras)
1/2 tz azucar (yo uso azucar cruda, quedan delis!)
2 tz Harina
1/4 cucharadita polvo de hornear
1/2 cucharadita sal
1/2 cucharadita extracto/esencia vainilla
2 cucharadas de leche (opcional)

Reviso el horno y me aseguro que esté vacío. Luego lo pongo a precalentar en 350 grados.

Mezclo primero la mantequilla y el azúcar. Si mi excuñado aún no ha recogido la batidora que me prestó, genial, si no, con cuchara de palo y energía, voy revolviendo hasta que la mantequilla queda cremosa y bien mezclada con el azucar. Después voy agregando las dos tazas de harina, la sal y el polvo de hornear, seguidas de la vainilla. Voy revolviendo hasta que la mezcla se vaya despegando de los bordes y no este muy pegajosa. En este momento, le voy echando un poquitito de la leche si esta muy pegajosa.  La primera vez no leí bien, y le eché las dos cucharadas, y no quedó muy consistente, pero le eché un poco más de harina, y todo bien.

Para hornear, hay varias opciones.

1. La favorita mía es: corto un pedazo de papel pergamino que vaya sobre la lámina para hornear galletas y luego ir poniendo pedazos de masa y aplanandolos con la mano hasta que queda una capa uniforme como de un meñique de ancho.

2. Colocar la masa entre dos laminas de papel encerado, y estirarlo con rodillo. Retirar la lámina de arriba, y luego usar un cortador de galletas para hacer galletitas.. ya sea redondas o cuadradas o en rombos. Mientras mas sencilla la forma, es más fácil.

Pongo a hornear las galletas por 10 minutos o hasta que empiecen a dorar.

Cuando ya estan listas, las saco del horno y luego dejo la temperatura en bajo. Coloco las galletas o la tabla de galleta  encima de una rejilla para que se enfríe más rápido.

Mezclando coco y caramelo

Mezclando coco y caramelo

1 a 2  tazas de coco rallado (preferencia)

de medio a un paquete-lata de manjar blanco-dulce de leche-caramelo

Pongo el coco rallado en el molde que usé para las galletas (porque las galletas estan encima de la rejilla, con el papel!).  Aseguro que quede una capa uniforme de coco, delgada, para que se pueda dorar. Se me ha pasado la mano un toque con el tiempo y queda a veces más café que dorado, pero mientras no este quemado, lo he usado.

Mezclo el coco con el dulce de leche. Yo use como 3/4 de la bolsita de dulce de leche, es realmente a gusto, que quede una mezcla de coco y caramelo que se pueda poner encima de la galleta.  Luego voy poniendo cucharadas de la mezcla sobre la galleta grande (o sobre cada galletita) y lo aplano con la cuchara!

Ya tengo la galleta, el coco con caramelo encaramado encima y ahora, o lo dejo ahí, o le pongo el toque maestro de chocolate.

de Media a Una bolsa de chocochips.

Vierto la mitad de la bolsa de chips (porque soy golosa y me gusta comerme la otra mitad) en un recipiente para microondas, ojalá de vidrio. A los 2 minutos lo detuve y lo revolví para ayudarle a las chispitas de chocolate a que se derritieran, luego voy revisando cada medio minuto.  Mientras esto sucede con el chocolate, voy cortando las galletas ya enfriadas (si es que lo hize tipo Super Galleta o Tableta).  Coloco un pedazo de papel pergamino encima de una bandeja y con una espátula voy esparciendo una capa delgada de chocolate en el papel. Coloco las galletas encima del chocolate (con la capa de coco hacia arriba), y voy colocando las galletas encima, haciendo un poco de presión para que el chocolate se pegue a la galleta.

listo para la refri

listo para la refri

Si sobra chocolate derretido,  lo pongo en una bolsa plástica de sanduche, le hago un huequito en una punta, y  lo uso como para decorar las galletas con el chocolate por encima. Ambas quedan lindas.

Lo meto en en refrigerador por unos minutos y cuando el chocolate se endurece, las galletas se despegan de lo más rico del papel.  Coloco las galletas en un tarro, usando papel pergamino para separar capas de galletas.

Esta receta no solo hace que me sienta que logré algo en la cocina, sino que tiene el formato perfecto para endulzarle el día a compañeros de trabajo, familia, amigos, si me siento con ánimos de compartir. Es la boca dulce perfecta, deliciosa sin pretender ser algo exótico.

Ingredientes:

Galletas

1 tz  Mantequilla, suave  (2 barras)
1/2 tz azucar (yo uso azucar cruda, quedan delis!)
2 tz Harina
1/4 cucharadita polvo de hornear
1/2 cucharadita sal
1/2 cucharadita extracto/esencia vainilla
2 cucharadas de leche (opcional)

Mezcla de coco

1 a 2  tazas de coco rallado
de medio a un paquete-lata de manjar blanco-dulce de leche-caramelo

1 paquete de chips de chocolate semidulces.

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Cheesecake de naranja y chocolate

Monday, June 15th, 2009

Yummi.

Yummi, yummi.

Para hacer cheesecake se necesita tiempo, una cierta sensibilidad artística… mentira, nada más se necesitan ganas de golosear y una lista de ingredientes medio grande, pero sabrosa.

Una el cheesecake lo planea, porque hay que tener bastante quesocrema en la casa, y galletas, y mantequilla, y huevos… Bueno, puede ser que no se planee mucho, que ya una sea bien golosita. A mí hace días que me venía picando el cheesecake, sobre todo porque recién conseguí un vaso de una sabrosísima mermelada de cáscara de naranja que, irremediablemente, tenía que estar de muerte lenta si le arrimábamos un poquito de chocolate. En fin, todo coincidió con una promoción de quesocrema que había en el súper. Y cuando llegué a la casa  en la noche, aunque era domingo y lo que realmente quería era dormir, decidí darle viaje a un experimento que salió muy, muy bien :)

Primero, lo primero, que es el crust. Para este, decidí tirarme a pista de la manera más decadente, haciéndolo doble y grueso. Pasé  por el procesador de alimentos un buen puño de galletas Graham. Medí 2 y 1/2 tazas de galleta en polvo, y las mezclé con 1/2 taza de azúcar moreno, 1/2 cdita de sal y 10 cdas de mantequilla derretida (mantequilla de verdad, no margarina. Y además, esta mantequilla no puede ser salada).

Hecho este alboroto, engrasamos un molde desmontable para cheesecake de 9 pulgadas. En ese molde se presiona el crust de tal manera que cubra el fondo y los lados como hasta un poquito para arriba de la mitad. Alguna gente dice que este crust funciona mejor si se mete al horno un ratito antes de rellenarlo. Yo digo que funciona mejor si se mete al congelador mientras se prepara el resto del cheesecake.

El relleno es muy fácil de preparar. A este le puse 1 y 1/2 cajas de quesocrema (de las medianas). Este quesocrema se bate en la batidora a velocidad media, hasta que hace picos. Luego vienen los huevos, que son 4. Se agregan uno por uno y se incorporan bien antes de agregar el siguiente. Cuando ya tenemos una crema amarillentosa y suave, se le pone 1 taza de azúcar (yo le puse azúcar moreno, que le dio un lindo color dorado) y 1 cda de canela en polvo. Ya bien incorporado todo esto, sacamos el molde del congelador y lo rellenamos.

Luego viene la parte divertida. Derretimos unos 100 gramos de chocolate amargo de repostería con una cda de mantequilla. Lo dejamos enfriar un ratito y luego lo metemos a una manga de repostería que yo no tengo. En estos casos, lo más fácil es rellenar una bolsa plástica con el chocolate, hacerle un huequito pequeño en una de las esquinas y proceder a tirarlo sobre el cheesecake en forma de espiral, o lo que salga. Más en el centro, para que al partir usted vea qué vacilón (en la foto se ve -rara pero se ve- la bolsa plástica llena de chocolate).

Esto le dará un toquecito como de “alta cocina”, si se quiere, aunque lo importante es el sabor. No tenga mucho cuidado a la hora de rociar el chocolate, solo trate de que quede bien distribuido:

Cuando ya esto esté listo, pues métalo al horno. A 170ºC está bien. Y déjelo cocinar durante unos 45 minutos. No lo sobrecocine, sáquelo cuando el centro aún se vea suave (muevalo un poquito para observar cómo se comporta).  El color, por la canela y el azúcar moreno, será lindo, doradito:

¿Ve cómo se despegó de los bordes? Bueno, déjelo enfriar por completo, al menos durante una hora y media. Y ahí sí, cúbralo con sendas cucharadas de mermelada de cáscara de naranja. Le digo que esto se veía muy bien cuando lo hice anoche, y la verdad que no podía esperar para probarlo… pero bueno, lo conveniente es que el cheesecake pase la noche en la nevera, para que se asiente.

Obvio que esta mañana, en un arranque de gula y desesperación gastronómica, me desayuné un pedazo para saber qué tal habría quedado el invento. Y debo decir que maravilloso. Delicioso. El chocolate se puso durito, y entonces al partir se ven diferentes texturas. Además, el relleno tiene un sabor acidito y delicado que no hay palabras… y todo esto combinado con el dulce-amargo de la mermelada… es un pecado. De los buenos… un pecado horneado en las calderas del Averno… pero que vale la pena probar:

Mientras escribo este post, me devoro el tercer pedazo. Aquí abajo les dejo una receta más científica y con menos parla, para que no haya confusiones. ¡Provecho!!

Cheesecake de naranja y chocolate.

Crust:

2 y 1/2 tazas de galletas Graham trituradas.

1/2 taza de azúcar moreno

1 cda de canela molida

10 cdas de mantequilla derretida

1/2 cdita de sal

Relleno

2 y 1/2 cajas de quesocrema

4 huevos

1 taza de azúcar moreno

1 cda de canela molida

Para decorar

100 gramos de chocolate para repostería (sin azúcar)

6 cdas de mermelada de cáscara de naranja

Suerte y un garabato :P

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