Archive for the ‘pasta’ Category

Retorno en tiempo real

Tuesday, February 16th, 2010

¿Qué está cenando esta noche? ¿Ya cenó?

Yo acabo de hacerlo  frente a la computadora, porque tengo cerros de trabajo pendiente. Cerros y cerros, pero eso no significa que no podamos sacar media hora para un buen syrah y un plato de comida caliente. Y bueno, ¿qué hace una cuando no tiene tiempo, sino pasta?

Este post medio inesperado es una pequeña disculpa por el atraso en las recetas navideñas. Se comprenderá que cuando una mujer cumple 30 años se le atraviesan cosas de cosas en la vida, y escribir deja de ser prioridad por unos días.

¿Qué estoy cenando esta noche?

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Esa que se ve en la esquina es la computadora. Lo demás es 1/3 de paquete de tallarines de espinaca. Los cociné en agua sin sal hasta su punto. Los escurrí rápidamente. Calientes como estaban, les añadí sal, pimienta negra, un diente de ajo picado muy, muy fino y dos cucharadas de aceite de oliva. Los revolví bien y luego les rayé harto parmesano encima. Y cuando ya me había sentado a comer se me antojó el vino.

Acabo de terminarme el plato y ya voy por la segunda copa. Y créame: usted en mi lugar estaría en las mismas  ;)

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Perdiendo el miedo

Friday, December 18th, 2009

Hace unos días hice mi primera pasta casera rellena. Tardé horrores, por el asunto de la primera vez, pero felizmente todo salió lo mejor que podía salir y lo único malo es que estoy considerando no ir nunca más a la oficina para quedarme inventando rellenos y comiendo hasta ponerme como una bola. El asunto es bastante sencillo, una vez que se salta la primera barrera: la máquina de estirar pasta. Yo tenía una guardada en la gaveta desde el amigo secreto del año pasado, y decidí finalmente sacarla a riesgo de morir en el intento. Pero eso viene después. Primero, lo primero.

pasta al huevo

Esto fue mucho más sencillo de lo que yo pensaba, aunque todavía puedo sentir la textura de las yemas entre los dedos. Dos tazas de harina en una superficie limpia y plana. Un hueco en el centro de la harina. Ahí, usted pone 3 huevos enteros, más 1 pizca de sal disuelta en una cdita de agua. Comience a revolver de afuera hacia adentro, hasta que tenga una pasta de textura manejable y que no se pegue mucho en las manos. Ya teniendo un bollo de masa usted puede pasar a la parte técnica, que implica montar un aparato, leer las instrucciones sobre cómo se limpia y se usa, hacer varios intentos fallidos y, finalmente, lograr estirar la pasta.

estirada

Queda muy bonita. Las láminas son bastante finas, pero no tanto. Estuve a punto de abortar la misión un par de veces, porque esto requiere de paciencia y así. Y bueno, una vez que tiene su pieza estirada, la puede colocar sobre una superficie enharinada, para que no se le arme un pegatoste y se paseé en todo. De hecho, le recomiendo enharinar la superficie en la que va a colocar su pasta incluso antes de estirarla, para evitar desastres. Una cosa importante: no estire toda su pasta de una vez, a menos que su cocina tenga cientos de superficies planas y enharinadas para colocarla :P Listo esto, comencé a cortar mi pasta, para rellenarla. Escogí un molde de galletas redondo, porque no tenía otras opciones más orientadas a la preparación de pasta, jeje.

cortamos

Un detalle importantísimo, que al principio no consideré pero es básico y lógico, es que se le pueden pegar unas contra las otras estas tortitas. Pero si las enharina mucho, luego no le sirven… en fin. Trate de no ponerlas unas encima de las otras, y prepare su relleno para que comience a armar y no caiga en el abismo de la desesperación. Como yo me antojé de preparar pasta rellena un día cualquiera, no tenía nada pensado para meterle. Me puse a trastear y encontré unos tomates secos, queso crema, ajos, albahaca y unos trocitos de queso fresco. Eso era lo que había, y bueno, con eso hice el relleno. Primero puse los tomates a hervir un poquito para que suavizaran. Luego puse todo en el procesador de alimentos:

relleno

Luego rellenamos: una tortita, un poquito de relleno, otra tortita. Presionamos firmemente los bordes para sellarla y listo (bueno, casi listo, todavía hay que cocinarlas). Usted irá haciendo una y otra y otra  y otra y otra… hasta, literalmente, el cansancio. Pero como somos víctimas del buen comer, eso no es taaaan importante, espero.

listos

Notará que para este momento ya había oscurecido por completo, y las fotos comienzan a apestar. A favor de la pasta fresca está que se cocina rapidísimo, aunque usted dure un siglo preparándola. Esta que nos comimos ese día careció por completo de gracia porque ya cansada lo que se me ocurrió ponerle fue tomate. Digo, estaba rellena de tomate, por encima se le podía poner cualquier otra cosa, ¿no? Pero estaba rica -mucho más que en la foto, que es espantosa.

lista para comer

Decía que quedó deliciosa. Y al día siguiente en la oficina, en vez de tomate le puse por encima mantequilla derretida con ajo y queso parmesano. Y quedó aún más buena.

Ahora solo tengo como dos reflexiones finales, de tipo comience a hacer esta vaina sin hambre, porque sino le va fatal. Además, hay gente a la que  no le gusta la pasta al huevo, por alguna extraña razón. Lo bueno es que el huevo se puede sustituir con agua, más o menos 3 cucharadas de agua hacen un huevo. Usté improvise, si ve que le falta harina, entonces le pone más, y así por el estilo. Con el relleno, se puede improvisar, y ahí sí que puede dejar volar su imaginación (yo no dejé volar mi imaginación, usé lo único que tenía).

Si se atreve, hágalo despacito, y acompáñelo con vino, para hacer menos dolorosa la espera :)

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Mi fijación con el tagliatelle

Monday, December 14th, 2009

Ir a la feria me encanta. Encuentro rollos de espárragos gigantescos que cuestan 2500 pesos, y champiñones frescos que todavía tienen tierrita en los tallos. Además, de rebote, regreso a mi casa MUERTA de hambre. Como voy a la feria a eso de las 11 am, me queda perfecto regresar a la casa a preparar el almuerzo. Hay un día a la semana que me fascina preparar el almuerzo: los domingos, con la verdura fresca que compré recién en la feria. Yo ahí soy muy feliz, y quien me conozca y me haya visto cocinando después de la feria sabe que no miento.

Pongo este ejemplo, que me gusta ver:

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Ahí hay 4 ajos cortados bien finito. 1 rollo de espárragos frescos, cortados en 3. 15 champiñones frescos cortados en cuartos. Y lo más importante, tocineta. Toda la que quiera (yo le puse como 10 tiras cortadas en pedacitos). Primero, la tocineta y el ajo. A fuego medio, para que suelte toda la grasa. Un poquito de sal, otro de pimienta negra… Luego los espárragos, y dejamos que se suden un poquito. Finalmente agregamos los champiñones, y dejamos cocinar por unos minutitos.

A esta delicia le ponemos algo de mantequilla. No mucha, porque ya con la grasa de la tocineta es casi suficiente. Le agregamos una taza de leche y dejamos que comience a hervir. En una taza aparte, disolvemos una cucharada de fécula de maíz en otro poquito de leche y la agregamos a la sartén, revolviendo constantemente.

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Así de rico va a ir quedando, se lo garantizo. Yo en general a estas salsas siempre les pongo un  poquito de azúcar, porque por alguna razón tienden a quedar más sabrosas. Y bueno, vamos ahora al título del post y mi fijación con el tagliatelle. Entre otras  cosas de la Emilia Romaña que me cortan la respiración (a la par del acento y el cine), el tagliatelle es eso… una fijación. Ojalá fresco, y hecho en casa. O de paquetito de  papel, del que ahora venden en algunos súpers, también artesanal y de huevo. Sobre todo porque si la pasta es buena, al huevo es  mejor. El tagliatelle se impregna con las salsas, se enrolla graciosa y delicadamente sobre sí mismo en el tenedor, sin salpicar, sin deslizarse. Es pasta larga manejable, no como el estúpido fetuccini, que además de insípido es imposible de manipular con paz. En general, preparo salsas con muchísima frecuencia, siempre pensando en las  otras pastas cortas que compré, o en una carne para acompañar… pero a mí todos los caminos me conducen al tagliatelle.  De repente ya lo herví un poquito en agua con aceite de oliva, y ya lo revolví con cualquier salsa que estuviera preparando…

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En fin… no hay palabras para describir la delicia. O sí, sí las hay: qué delicia. En la salsa se terminan de cocinar, y se van impregnando del sabor ahumado de la tocineta. Les ponemos un  poquito más de pimienta negra para alinear el sabor, y lo que sigue es más cuestión de antojo y placer, usted los sirve como más le guste. En mi caso, como la salsa es un poquito dulce, la albahaca sienta perfectamente, y un poquito de parmesano rallado termina de acomodar la sazón. Y lo que termina sucediendo es esto, que me como dos platos o más.

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Le digo que la suavidad de la pasta combinada con el crunch de los espárragos es una de  las mejores cosas del mundo. No sé la verdad cuánto se dura preparando esto, ni si quedaría más rico con un poquito de cebolla roja y eneldo, pero creo que valdrá la pena seguir experimentando sobre esta receta a ver adónde vamos a parar.

Que aproveche.

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¿Qué se come con vino?

Saturday, September 26th, 2009

Todo… Bueno, hay algunas cosas que saben mejor con cerveza, como los chicharrones, pero el vino de mesa, para cualquier almuerzo o cena informal, es altamente recomendado: el corazón, el cerebro, el sistema circulatorio, se lo agradecerán siempre. Aunque en realidad este post no es sobre vino, sino sobre lo que se come con él yo, que soy partidaria absoluta de beber mientras cocino y mientras como, aprovecho para hacer el comercial :P

Vamos a lo que vinimos, por favor.

¿Qué comemos con vino? La primera respuesta que se me viene a la mente: pasta. Toda la pasta. Y para no sonar muy ebria, mejor paso a hablar de pasta. Me gusta el farfalle. Es todo lindo: corbatincillos tamaño bocado, que no se hacen un despelote en el tenedor y se pueden comer tranquilamente con blusa blanca, sin miedo de mancharse hasta el alma. Hay un farfalle picante, que se hace con frijoles blancos, sabe riquísimo. Pero en realidad yo soy amante incondicional del tomate frito. Eso sí que es una gran cosa: tomate fresco, hecho salsa, y combinado con una buena pasta. Pare de contar… Eso es todo lo que necesito.

Hay tomate frito que viene en lata, pero no es lo mismo. Lo rico es hacerlo en la casa, dejarle la cáscara y las semillas, que se vea y se sienta casero:

Pongamos que va a cocinar para 4 comensales: un tomate mediano por cabeza, 2 dientes de ajo, aceite de oliva. Primero sofría el ajo en una sartén mediana. Agregue el tomate en cubos y revuelva. Cuando comience a cambiar de color (se pone de un rojo violento), condimente a su gusto e intuición: sal, pimienta, azúcar para quitar el ácido, un poquito de chipotle (si tiene), más aceite de oliva, y una 1/2 taza de agua. Baje el calor y déjelo cocinar en paz, hasta que se vea salsoso, delicioso:

Y bueno, mientras esto se da, como por obra de un milagro, usted, en una olla cualquiera, cocina 1 paquete de 500 gramos de farfalle. Cuidando que no se sobre cocine, porque lo vamos a cocinar un momentito más con el tomate frito. Listas ambas cosas, proceda a revolverlas en la sartén.

Escurra la pasta, mezclela con la salsa, trate de que  se mantenga siempre bien caliente (a sus comensales, amenácelos con algo que les duela para que estén a tiempo, y si ve que van a llegar tarde, castíguelos comenzando a cocinar tardísimo, y haciéndolos aguantar un poco de hambre). Lo que sigue, es a gusto suyo: sirva los platos a su gusto y coma. Personalmente, me gusta poner por encima de esta pasta un chorro de aceite de oliva con chile. Unas hojas de albahaca morada. Un par de cucharadas de parmesano rallado.

(y una copa de vino tinto, por supuesto).

Salú.

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