Todo… Bueno, hay algunas cosas que saben mejor con cerveza, como los chicharrones, pero el vino de mesa, para cualquier almuerzo o cena informal, es altamente recomendado: el corazón, el cerebro, el sistema circulatorio, se lo agradecerán siempre. Aunque en realidad este post no es sobre vino, sino sobre lo que se come con él yo, que soy partidaria absoluta de beber mientras cocino y mientras como, aprovecho para hacer el comercial
Vamos a lo que vinimos, por favor. 
¿Qué comemos con vino? La primera respuesta que se me viene a la mente: pasta. Toda la pasta. Y para no sonar muy ebria, mejor paso a hablar de pasta. Me gusta el farfalle. Es todo lindo: corbatincillos tamaño bocado, que no se hacen un despelote en el tenedor y se pueden comer tranquilamente con blusa blanca, sin miedo de mancharse hasta el alma. Hay un farfalle picante, que se hace con frijoles blancos, sabe riquísimo. Pero en realidad yo soy amante incondicional del tomate frito. Eso sí que es una gran cosa: tomate fresco, hecho salsa, y combinado con una buena pasta. Pare de contar… Eso es todo lo que necesito.
Hay tomate frito que viene en lata, pero no es lo mismo. Lo rico es hacerlo en la casa, dejarle la cáscara y las semillas, que se vea y se sienta casero:

Pongamos que va a cocinar para 4 comensales: un tomate mediano por cabeza, 2 dientes de ajo, aceite de oliva. Primero sofría el ajo en una sartén mediana. Agregue el tomate en cubos y revuelva. Cuando comience a cambiar de color (se pone de un rojo violento), condimente a su gusto e intuición: sal, pimienta, azúcar para quitar el ácido, un poquito de chipotle (si tiene), más aceite de oliva, y una 1/2 taza de agua. Baje el calor y déjelo cocinar en paz, hasta que se vea salsoso, delicioso:

Y bueno, mientras esto se da, como por obra de un milagro, usted, en una olla cualquiera, cocina 1 paquete de 500 gramos de farfalle. Cuidando que no se sobre cocine, porque lo vamos a cocinar un momentito más con el tomate frito. Listas ambas cosas, proceda a revolverlas en la sartén.

Escurra la pasta, mezclela con la salsa, trate de que se mantenga siempre bien caliente (a sus comensales, amenácelos con algo que les duela para que estén a tiempo, y si ve que van a llegar tarde, castíguelos comenzando a cocinar tardísimo, y haciéndolos aguantar un poco de hambre). Lo que sigue, es a gusto suyo: sirva los platos a su gusto y coma. Personalmente, me gusta poner por encima de esta pasta un chorro de aceite de oliva con chile. Unas hojas de albahaca morada. Un par de cucharadas de parmesano rallado.

(y una copa de vino tinto, por supuesto).
Salú.
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