Archive for the ‘De olla’ Category

Trucha y pomelo con invitado especial

Wednesday, July 14th, 2010

Dani cocina cada vez más rico.  De vez en cuando, así, como por conmover, me prepara unas delicias que parecen caídas del cielo. Lo mejor es que cuando lo llamo al súper para indagar sobre la sorpresa, con la necedad que  me caracteriza qué vas a hacer, qué estás comprando… él responde de la misma manera en que yo respondería a la pregunta: no sé, estoy viendo qué se me ocurre. Y lo que se  le ocurre tiende a ser, cómo decirlo… maravilloso.

Esta vez, gracias a que se dejó tomar fotos, tenemos pruebas visibles de su paso por nuestra cocina: trucha en salsa de aguacate, ensalada de pomelo y fideos de arroz. Una maravilla, desde el inicio hasta el final.

Dani me pidió encarecidamente que tomara nota de todo el proceso, consciente de que se le iba a olvidar apenas soltáramos el plato. Entonces, para la receta se usó:

1 1/2 aguacates maduros, 1/2 cebolla cortada fina, 10 hojas de albahaca cortadas fijas, 2 filetes de trucha, 2 dientes de ajo picados, el jugo de 1/2 limón ácido, 1/2 paquete pequeño de fideos de arroz, sal, pimienta, 6 hojas de lechuga rizada, 1 pomelo, 1 cda de vinagre de arroz, 1 cda de salsa de soya, 1 cdita de azúcar, 1/4 de taza  de leche.

Comencemos con el pescado. Dani lo lavó con limón y los adobó con el ajo y la albahaca. Les puso una  piza de sal y los llevó al sartén a fuego medio.

El pomelo se usa en 3  fases, así que es mejor prepararlo desde el principio, para que no haya que ir a las carreras. Se saca la ralladura, se limpian unos 6 gajos dejando la carne expuesta y el resto se hace en jugo. Ya listo eso, podemos pasar a la salsa de aguacate.

Primero, hacemos un guacamole simple, con un poquito de sal, otro de pimienta y otro de limón. Luego se sofríe la cebolla y se incorpora al guacamole y por último, se lleva el guacamole a la sartén, se le agrega una cdita de ralladura de pomelo, se rectifica el sabor y se agrega la leche. Se deja hervir revolviendo, para que se seque un poquito y obtenga la consistencia cremosa que necesitamos.

Ya listo el aguacate, se procede a preparar los fideos de arroz de acuerdo con las instrucciones, que generalmente son hierva agua y quítela del fuego, agregue los fideos y déjelos reposar por un par de minutos. Detenga la cocción añadiendo agua fría.

La ensalada es sencilla: lavar las hojas de lechuga, preparar el aderezo: sal, pimienta, 2 cdas de jugo de pomelo, el azúcar, el vinagre de arroz y la salsa de soya. El plato que Dani armó tenía una cama de fideos y sobre estos la trucha cubierta de salsa de aguacate. Al ladito, una cama de lechuga coronada con los gajos de pomelo, un poquito de ralladura y un par de cucharadas de aderezo (que le da un sabor delicioso a los fideos).

Este plato queda sabroso. Los sabores son poco comunes, pues la ensalada es bastante amarga pero el aderezo le aporta un dulce delicioso. La trucha queda riquísima, y créame: se va a querer comer las dos porciones sin invitar a nadie.

Que aproveche!

visto 17526 veces por 1499 visitantes

Quinoa con atún y vegetales

Saturday, May 29th, 2010

Estoy obsesionada con la Quinoa. La he hecho para el desayuno, el almuerzo, la cena y el postre (no todo en un mismo día, todavía no estoy tan loca). La Quinoa no es un grano, sino un pseudocereal. A mi no me pregunten los detalles que para eso está wikipedia, yo sólo se que es deliciosa y hay mil formas de prepararla. Hay roja y amarillita, las dos saben más o menos igual, más que todo cuestión de estética. Además de ser deliciosa es muy buena para uno porque es una “proteína completa”.

Por suerte no tiene mucho truco. Se cocina parecido al arroz. En este caso la cociné en la ollita arrocera, una parte de quinoa por dos partes de agua. Crece un montón, así que ojo: una taza es suficiente para tres o cuatro personas.

Por aparte cociné los vegetales: cebolla, chile dulce, petit pois y granitos de maíz. Es rara esta receta porque realmente usted le puede echar lo que le de la gana. Yo le puse achiote (el que me regaló la furia cuando fui a Costa Rica) por pura nostalgia, porque el achiote me recuerda cosas buenas y deliciosas que hacía mi abuelita. También le puse un atún en agua, porque el “arroz con atún” era una de esas cosas que mi papá nos hacía para almorzar cuando se convirtió en nuestro desorientado pero divertido cuidador primario. Póngale lo que quiera. El comino es bueno. La pimienta y la sal también.

Al final se revuelve todo y se deja en la sartén un ratito más. Es dificil meter la pata con una cosa así. Es decir, es difícil arruinar un plato de quinoa: no queda “masuda” como el arroz, y el sabor es bastante sutil. Me imaginé haciéndola igual pero con pollo, para un sustituto casual del arroz con pollo. Me la comí con una ensalada verde y medio tomate.

Esta es una receta sencillita para empezar, pero creo que las recetas con Quinoa aparecerán por acá al menos un par de veces más… qué les parece?

visto 27379 veces por 2279 visitantes

Vainicas con tofu

Monday, May 17th, 2010

Esta es una de esas recetas que llevan su tiempo pero tienen sus recompensas. En primer lugar cocinar tofu no es fácil, cuesta mucho darle sabor y textura. Como tenía vainicas (green beans) en la refri decidí probar esta receta, a ver qué tal. Cambié dos cosas: no voy a freír en toneladas de aceite, y no voy a usar bambú porque no me gusta y en serio, quién carajos tiene bambú en la refri, listo para usar? Yo no. Lo cambié por hongos.

El éxito de la receta comienza unos días antes, cuando se ha puesto a congelar un bloque de tofu extra-firme. Congelarlo hace que cambie de textura y se haga más masticable. Creo que sólo la gente que come comida vegetariana con regularidad comprende la necesidad imperiosa de tener *algo* de textura en la comida. Bueno, una vez congelado hay que descongelarlo, partirlo por la mitad y ponerlo entre dos tablas de picar y dos servilletas, con dos latas bien pesadas encima para que se escurra. Así hay que dejarlo media hora o una hora: lo que queremos es un tofu sediento. Suena delicioso? No. Eso viene más tarde.

Green beans and tofu

En un tarrito hay que mezclar 1 taza de vino blanco, 3 cdas de salsa de soya, 2 cdas de azúcar y media taza de caldo de pollo o de verduras. Eso se deja aparte.

Ya que abrió el vino sírvase una copa, la necesitará para pasar la etapa que sigue. El tofu se corta en cubos y se sazona con sal y pimienta. También se le puede rociar un poco de maicena, pero la receta dice sólo 1 cda, lo cual es un poco confuso. En fin, hay que freír los cuadritos. La receta dice que hay que freírlos en 3 pies cúbicos de aceite. Yo me negué y lo freí en menos de media taza de aceite, cuidando que se pusiera doradito por todos los lados, dándole vuelta cuidadosa y obsesivamente y pasándolo a una servilleta para que absorba lo que sobra. Esta es la parte más dolorosa de la receta, pero el vino ayuda.

Green beans and tofu

En un sartén aparte (yo usé un wok) se pone a freír media cebolla grande picada, un montón de vainicas cortadas en pedacitos como de 3cm, y en mi caso, unos cuantos hongos cortados en rodajas. Cuando las vainicas se están empezando a suavizar se les agrega la salsa de vino/soya que teníamos aparte, y se pone a hervir la cosa un rato, la receta dice 5 mins, cuidando que no se seque mucho. A mi me parece muy poco, pero bueno. La receta dice que en este momento se le agregan los tomates, pero no le haga caso. Ya a este punto se dará cuenta de que no confío en la receta.

Green beans and tofu

Aparte se disuelven dos cucharadas de maicena en un poquito de agua, digamos media taza, y se agrega a toda la cuestión. Esto hace que la salsa se espese de inmediato, hay que darle unas vueltitas y agregar el tofu. Entonces, al final, es cuando se agregan un par de tomates cortados en rodajas. Esto hace que los tomates no se deshagan completamente y le den mejor sabor al asunto.

Yo lo serví con Quinoa porque estamos tratando de mantener la ilusión de salud y dieta, pero si usted no se engaña, sírvalo con arroz blanco. Provecho!

visto 28552 veces por 2401 visitantes

La Crema Catalana y cómo rescatarla (o no echarla a perder)

Monday, May 3rd, 2010

Pues a veces uno cocina con las mejores intenciones y termina echando a perder la comida.  En unos casos mejor tirar a la basura las cosas y comenzar de cero nuevamente, pero en otros casos los ingredientes nos exigen que busquemos soluciones creativas.

La Receta:

Una crema catalana. Básicamente es leche aromatizada con cáscara de limón y canela, a la que se le agrega azúcar y una cantidad obscena de yemas de huevo. Un poco de maicena para espesar y poner eso en una olla hasta que quede deliciosamente cremoso. Meter en la nevera y a las 3 horas sacar los moldes, espolvorear con azúcar y caramelizarla con el horno, una plancha o un soplete.  Al final se parece a la Crème Brûlée, pero ésta última se cocina en el horno en un baño maría.

Resulta que cuando uno hace la crema catalana o cualquier otra base con yemas de huevo en leche caliente hay que tener miles de cuidados para que no se nos corte la preparación.  Se las voy a dar de antemano para que no les pase lo que a mi:

  • Revuelvan constantemente y no se detengan por ningún motivo.
  • Temperen las yemas con un poco de la leche caliente antes de echar las yemas a la olla con el resto de la leche.
  • Cuidar que no se le suba demasiado la temperatura a la preparación.
  • No dejar que espese mucho antes de poner en los recipientes.

Si no hacen algunas de estas cosas, es altamente probable que terminen con huevos revueltos en el fondo de la olla. Como me pasó. Sin embargo, no todo está perdido.

Digamos que echaste a perder la crema: está separada como leche cortada o está llena de grumos. Saca la licuadora y vierte todo el contenido de la olla al vaso de vidrio.  La receta para arreglar la crema pedía “heavy cream”. Si ustedes tienen, úsenla. Yo usé un chorrito de leche entera. Estará caliente así que después de tapar la licuadora, cubre la tapa con una toalla de cocina para sostenerla. Licuar por un rato. Verán que la crema recuperará su suave textura.

Sin embargo, ya no espesará la crema al ponerla en la nevera. Nos dimos cuenta porque a las 3 horas regresamos y seguía tan líquida como un rompope. Así que ahórrense ese paso, laven bien la olla donde tenían la mezcla cocinando. En un vasito con un poco de leche fría, mezclen 1.5 cucharaditas de maicena. Ajusten el fuego muy bajito y vuelvan a echar la mezcla directo de la licuadora. Esperen que caliente un poco (sin dejar de revolver) y échenle la mezcla de maicena. Sigan revolviendo. Cuando la mezcla cubra la parte de atrás de la cuchara y ustedes al pasar el dedo queda una franja que no se vuelve a llenar de crema, es que está en su punto. Viértan la crema en los moldecitos y a la nevera.

Ahora sí, esperen un tiempo prudencial: o sea, que al poner la capa de azúcar sobre la crema, ésta tenga la superficie lo suficientemente firme como para que el azúcar no se vaya al fondo.  Pongan el azúcar sobre la crema, y pongan la crema en la parrilla más alta de su horno, y dejen que se derrita el azúcar en la superficie. Otra opción es calentar muy bien un cucharón metálico (de mango plástico para que  no se quemen) y con la parte convexa de la cuchara aplanchar el azúcar para derretirla. O como yo, si tienen un soplete, pueden darse el gusto.

Sopleteando a las 4am

Sopleteando a las 4am

Después de tanto trabajo qué tal nos fue con la crema? Pues la textura quedó como tenía que ser, pero creo que fue demasiado el esfuerzo y expectativa: nos supo a colada de maicena.  Creo que la magia de estas sencillas preparaciones es usar los ingredientes más frescos y deliciosos:  en nuestro caso pues la leche hubo que descongelarla, y los huevos eran de supermercado.  Me imagino en una finca, con leche recién ordeñada y huevos de gallina de pastoreo debe ser otro universo.  Y entonces, podré hacer la crema sin contratiempos, porque echando a perder se aprende.

visto 21602 veces por 2184 visitantes

Mar y tierra

Monday, March 29th, 2010

La vida es bella cuando se tiene un bife de chorizo en el plato.  Period.

P1050146

Adobe el suyo con tomillo fresco, ajos picados, aceite de oliva, una pizca de sal y unas gotitas de vinagre de manzana. Déjelo una horita por ahí, tapado, para que se impregne de los sabores especiados. Créame: vale la pena cada minuto, cada esfuerzo, toda la paciencia.

Mientras tanto, pele los camarones (esos de la foto son de cultivo, y para 2 personas usamos 1/4 de kilo). Deje las colitas en su lugar, se ven lindas y dan buen sabor. Caliente una sartén a fuego medio. Deje ir 4 dientes de ajo picados y 1 cda. de mantequilla. Cuando los ajos estén doraditos, agregue los camarones. Cierre los ojos. Escuche. Huela. Sazone con sal y pimienta. Cuando comiencen a sonrosar, agregue 1/4 de taza de limón acido. Deje que esos camarones se suavicen y se llenen de limón. Antes de sacarlos de la sartén, agregue 1 cdita extra de mantequilla y un toquecito de paprika.

En la misma sartén, cocine la carne. Aquí ya todo depende de su gusto: a mí me gusta término medio, pero habrá quien la quiera completamente hecha, o quien la quiera casi cruda. Cuando esté a su gusto, pásela a un plato y coloque unos cuantos camarones encima. No olvide bañar la carne con la salsa de limón y mantequilla.

¿Y esto con qué? Le recomiendo unas papitas al horno, con romero y sal gruesa. Y obvio: un vino tinto bien seco.

Que aproveche!

visto 7354 veces por 1567 visitantes

Perdiendo el miedo

Friday, December 18th, 2009

Hace unos días hice mi primera pasta casera rellena. Tardé horrores, por el asunto de la primera vez, pero felizmente todo salió lo mejor que podía salir y lo único malo es que estoy considerando no ir nunca más a la oficina para quedarme inventando rellenos y comiendo hasta ponerme como una bola. El asunto es bastante sencillo, una vez que se salta la primera barrera: la máquina de estirar pasta. Yo tenía una guardada en la gaveta desde el amigo secreto del año pasado, y decidí finalmente sacarla a riesgo de morir en el intento. Pero eso viene después. Primero, lo primero.

pasta al huevo

Esto fue mucho más sencillo de lo que yo pensaba, aunque todavía puedo sentir la textura de las yemas entre los dedos. Dos tazas de harina en una superficie limpia y plana. Un hueco en el centro de la harina. Ahí, usted pone 3 huevos enteros, más 1 pizca de sal disuelta en una cdita de agua. Comience a revolver de afuera hacia adentro, hasta que tenga una pasta de textura manejable y que no se pegue mucho en las manos. Ya teniendo un bollo de masa usted puede pasar a la parte técnica, que implica montar un aparato, leer las instrucciones sobre cómo se limpia y se usa, hacer varios intentos fallidos y, finalmente, lograr estirar la pasta.

estirada

Queda muy bonita. Las láminas son bastante finas, pero no tanto. Estuve a punto de abortar la misión un par de veces, porque esto requiere de paciencia y así. Y bueno, una vez que tiene su pieza estirada, la puede colocar sobre una superficie enharinada, para que no se le arme un pegatoste y se paseé en todo. De hecho, le recomiendo enharinar la superficie en la que va a colocar su pasta incluso antes de estirarla, para evitar desastres. Una cosa importante: no estire toda su pasta de una vez, a menos que su cocina tenga cientos de superficies planas y enharinadas para colocarla :P Listo esto, comencé a cortar mi pasta, para rellenarla. Escogí un molde de galletas redondo, porque no tenía otras opciones más orientadas a la preparación de pasta, jeje.

cortamos

Un detalle importantísimo, que al principio no consideré pero es básico y lógico, es que se le pueden pegar unas contra las otras estas tortitas. Pero si las enharina mucho, luego no le sirven… en fin. Trate de no ponerlas unas encima de las otras, y prepare su relleno para que comience a armar y no caiga en el abismo de la desesperación. Como yo me antojé de preparar pasta rellena un día cualquiera, no tenía nada pensado para meterle. Me puse a trastear y encontré unos tomates secos, queso crema, ajos, albahaca y unos trocitos de queso fresco. Eso era lo que había, y bueno, con eso hice el relleno. Primero puse los tomates a hervir un poquito para que suavizaran. Luego puse todo en el procesador de alimentos:

relleno

Luego rellenamos: una tortita, un poquito de relleno, otra tortita. Presionamos firmemente los bordes para sellarla y listo (bueno, casi listo, todavía hay que cocinarlas). Usted irá haciendo una y otra y otra  y otra y otra… hasta, literalmente, el cansancio. Pero como somos víctimas del buen comer, eso no es taaaan importante, espero.

listos

Notará que para este momento ya había oscurecido por completo, y las fotos comienzan a apestar. A favor de la pasta fresca está que se cocina rapidísimo, aunque usted dure un siglo preparándola. Esta que nos comimos ese día careció por completo de gracia porque ya cansada lo que se me ocurrió ponerle fue tomate. Digo, estaba rellena de tomate, por encima se le podía poner cualquier otra cosa, ¿no? Pero estaba rica -mucho más que en la foto, que es espantosa.

lista para comer

Decía que quedó deliciosa. Y al día siguiente en la oficina, en vez de tomate le puse por encima mantequilla derretida con ajo y queso parmesano. Y quedó aún más buena.

Ahora solo tengo como dos reflexiones finales, de tipo comience a hacer esta vaina sin hambre, porque sino le va fatal. Además, hay gente a la que  no le gusta la pasta al huevo, por alguna extraña razón. Lo bueno es que el huevo se puede sustituir con agua, más o menos 3 cucharadas de agua hacen un huevo. Usté improvise, si ve que le falta harina, entonces le pone más, y así por el estilo. Con el relleno, se puede improvisar, y ahí sí que puede dejar volar su imaginación (yo no dejé volar mi imaginación, usé lo único que tenía).

Si se atreve, hágalo despacito, y acompáñelo con vino, para hacer menos dolorosa la espera :)

visto 18986 veces por 2768 visitantes

Mi fijación con el tagliatelle

Monday, December 14th, 2009

Ir a la feria me encanta. Encuentro rollos de espárragos gigantescos que cuestan 2500 pesos, y champiñones frescos que todavía tienen tierrita en los tallos. Además, de rebote, regreso a mi casa MUERTA de hambre. Como voy a la feria a eso de las 11 am, me queda perfecto regresar a la casa a preparar el almuerzo. Hay un día a la semana que me fascina preparar el almuerzo: los domingos, con la verdura fresca que compré recién en la feria. Yo ahí soy muy feliz, y quien me conozca y me haya visto cocinando después de la feria sabe que no miento.

Pongo este ejemplo, que me gusta ver:

pasta1

Ahí hay 4 ajos cortados bien finito. 1 rollo de espárragos frescos, cortados en 3. 15 champiñones frescos cortados en cuartos. Y lo más importante, tocineta. Toda la que quiera (yo le puse como 10 tiras cortadas en pedacitos). Primero, la tocineta y el ajo. A fuego medio, para que suelte toda la grasa. Un poquito de sal, otro de pimienta negra… Luego los espárragos, y dejamos que se suden un poquito. Finalmente agregamos los champiñones, y dejamos cocinar por unos minutitos.

A esta delicia le ponemos algo de mantequilla. No mucha, porque ya con la grasa de la tocineta es casi suficiente. Le agregamos una taza de leche y dejamos que comience a hervir. En una taza aparte, disolvemos una cucharada de fécula de maíz en otro poquito de leche y la agregamos a la sartén, revolviendo constantemente.

pasta2

Así de rico va a ir quedando, se lo garantizo. Yo en general a estas salsas siempre les pongo un  poquito de azúcar, porque por alguna razón tienden a quedar más sabrosas. Y bueno, vamos ahora al título del post y mi fijación con el tagliatelle. Entre otras  cosas de la Emilia Romaña que me cortan la respiración (a la par del acento y el cine), el tagliatelle es eso… una fijación. Ojalá fresco, y hecho en casa. O de paquetito de  papel, del que ahora venden en algunos súpers, también artesanal y de huevo. Sobre todo porque si la pasta es buena, al huevo es  mejor. El tagliatelle se impregna con las salsas, se enrolla graciosa y delicadamente sobre sí mismo en el tenedor, sin salpicar, sin deslizarse. Es pasta larga manejable, no como el estúpido fetuccini, que además de insípido es imposible de manipular con paz. En general, preparo salsas con muchísima frecuencia, siempre pensando en las  otras pastas cortas que compré, o en una carne para acompañar… pero a mí todos los caminos me conducen al tagliatelle.  De repente ya lo herví un poquito en agua con aceite de oliva, y ya lo revolví con cualquier salsa que estuviera preparando…

pasta3

En fin… no hay palabras para describir la delicia. O sí, sí las hay: qué delicia. En la salsa se terminan de cocinar, y se van impregnando del sabor ahumado de la tocineta. Les ponemos un  poquito más de pimienta negra para alinear el sabor, y lo que sigue es más cuestión de antojo y placer, usted los sirve como más le guste. En mi caso, como la salsa es un poquito dulce, la albahaca sienta perfectamente, y un poquito de parmesano rallado termina de acomodar la sazón. Y lo que termina sucediendo es esto, que me como dos platos o más.

pasta4

Le digo que la suavidad de la pasta combinada con el crunch de los espárragos es una de  las mejores cosas del mundo. No sé la verdad cuánto se dura preparando esto, ni si quedaría más rico con un poquito de cebolla roja y eneldo, pero creo que valdrá la pena seguir experimentando sobre esta receta a ver adónde vamos a parar.

Que aproveche.

visto 18578 veces por 2606 visitantes

¿Qué se come con vino?

Saturday, September 26th, 2009

Todo… Bueno, hay algunas cosas que saben mejor con cerveza, como los chicharrones, pero el vino de mesa, para cualquier almuerzo o cena informal, es altamente recomendado: el corazón, el cerebro, el sistema circulatorio, se lo agradecerán siempre. Aunque en realidad este post no es sobre vino, sino sobre lo que se come con él yo, que soy partidaria absoluta de beber mientras cocino y mientras como, aprovecho para hacer el comercial :P

Vamos a lo que vinimos, por favor.

¿Qué comemos con vino? La primera respuesta que se me viene a la mente: pasta. Toda la pasta. Y para no sonar muy ebria, mejor paso a hablar de pasta. Me gusta el farfalle. Es todo lindo: corbatincillos tamaño bocado, que no se hacen un despelote en el tenedor y se pueden comer tranquilamente con blusa blanca, sin miedo de mancharse hasta el alma. Hay un farfalle picante, que se hace con frijoles blancos, sabe riquísimo. Pero en realidad yo soy amante incondicional del tomate frito. Eso sí que es una gran cosa: tomate fresco, hecho salsa, y combinado con una buena pasta. Pare de contar… Eso es todo lo que necesito.

Hay tomate frito que viene en lata, pero no es lo mismo. Lo rico es hacerlo en la casa, dejarle la cáscara y las semillas, que se vea y se sienta casero:

Pongamos que va a cocinar para 4 comensales: un tomate mediano por cabeza, 2 dientes de ajo, aceite de oliva. Primero sofría el ajo en una sartén mediana. Agregue el tomate en cubos y revuelva. Cuando comience a cambiar de color (se pone de un rojo violento), condimente a su gusto e intuición: sal, pimienta, azúcar para quitar el ácido, un poquito de chipotle (si tiene), más aceite de oliva, y una 1/2 taza de agua. Baje el calor y déjelo cocinar en paz, hasta que se vea salsoso, delicioso:

Y bueno, mientras esto se da, como por obra de un milagro, usted, en una olla cualquiera, cocina 1 paquete de 500 gramos de farfalle. Cuidando que no se sobre cocine, porque lo vamos a cocinar un momentito más con el tomate frito. Listas ambas cosas, proceda a revolverlas en la sartén.

Escurra la pasta, mezclela con la salsa, trate de que  se mantenga siempre bien caliente (a sus comensales, amenácelos con algo que les duela para que estén a tiempo, y si ve que van a llegar tarde, castíguelos comenzando a cocinar tardísimo, y haciéndolos aguantar un poco de hambre). Lo que sigue, es a gusto suyo: sirva los platos a su gusto y coma. Personalmente, me gusta poner por encima de esta pasta un chorro de aceite de oliva con chile. Unas hojas de albahaca morada. Un par de cucharadas de parmesano rallado.

(y una copa de vino tinto, por supuesto).

Salú.

visto 21883 veces por 2444 visitantes

La cocina temática 2: noodles

Sunday, September 13th, 2009

Mucha gente con la que he hablado de comida tiende a externar constantemente la molestia que le genera cocinar cuando no hay más comensales. Eso a mí me parece rarísimo, porque lo que más me gusta es cocinar para comer yo, y que los demás vean a ver qué hacen… bueno, tampoco así: me encanta cocinar para comer yo solita, pero también para que coman otros.

Any ways… he ido llegando a la conclusión de que esta molestia de cocinar para uno solito debería más bien llamarse “pereza”. No es lo mismo que a uno no le guste cocinar para mí sola a que a uno le dé pereza cocinar para mí sola. Seguro que la pereza viene de tener que parar con lo que una está haciendo para ponerse a hacer otra cosa que no le interesa tanto, y ahí es donde terminamos en uno de los siguientes escenarios:

- chino,

- cualquier otro delivery que haya en el barrio,

- sobros de ayer,

- pan con queso, o

- cup a noodle.

Reconozco que he estado en alguno de estos escenarios alguna vez, sobre todo el primero y el último. El último con más frecuencia, porque ahí sí que sale una al paso por 500 colones. Pero igual, por más Ramen con sabor a hongos o camarón, no me gusta comer cochinadas (sí: el cup a noodle cae dentro de esa categoría). Usualmente una tiene un tarro lleno de cosas que se compraron para dejarlas podrir en la nevera: zanahorias, chiles dulces, una rama de apio, unas cebollas, culantro, cebollín… Y hay un paso entre comerse una sopa aguada de ramen o un buen plato de noodles con sabor a cielo. El fideo de arroz, al igual que la pasta, es tan versátil que se puede hacer casi cualquier cosa con él: desde un omelete hasta una ensalada. A mí me gusta comerlos tibios, y combinarlos con vegetales, para quedar más satisfecha y no sentir que comí cartón de paquetito.

Esta receta que acaba de surgir de la necesidad -y de la ausencia de comida en la casa- es una especie de ensalada tibia de noodles, que  ya me estoy terminando de comer y les puedo decir que quedó sabrosísima. Usé 2 paquetitos de ramen, 1/4 de chile dulce cortado en julianas, 1/2 cebolla cortada en julianas, 1 rama de apio cortada en rodajitas, 4 ramitas de culantro bien picadas, 1 zanahoria rallada, 1 cucharadita de jengibre rallado, 1/2 aguacate, una cdita de ajonjolí, mantequilla, sal, paprika, aceite de ajonjolí, salsa de soya y azúcar.

Cociné el ramen según las instrucciones de la bolsa, pero sin añadirle el glutamato monosódico de dudosa procedencia que viene en el paquetito metálico. Mientras tanto, hice un sofrito con el jengibre y un poquito de mantequilla. Luego añadí la cebolla, el apio y el chile dulce. Por último la zanahoria. Este sofrito lo fui condimentando a los pocos con salsa de soya, aceite de ajonjolí, azúcar y sal (para la gente que a estas alturas se comienza a poner nerviosa con las cantidades, pongámosle que usé 1 cda de salsa de soya, 1/2 cda de aceite de ajonjolí, 1/2 cda de azúcar, y la sal… ahí sí le quedo mal, eso va a depender de su gusto).

Evidentemente, en lo que esto estuvo listo,  ya los noodles estaban cocinados y escurridos. Esto es una cuestión de lógica matemática: cualquier cosa que tenga almidón, si se queda más tiempo del necesario en el agua, se pone babosa. Así que cuando sus noodles estén suaves, páselos a un colador y déjelos ahí mientras sigue con  las otras cosas. Ahora bien, ya con todo listo, agregue los fideos al sofrito y revuelva. Y ahí sí, pruebe otra vez. A estas alturas lo peor que puede pasar es que no sepan a nada. Entonces lo único que debe hacer es ponerles más aceite de ajonjolí, más salsa de soya, más azúcar… y listo.

Páselos a un plato y por encima tire el culantro, un poquito de ajonjolí, la paprika, y el aguacate, cortado como más fácil le parezca. Y le garantizo que no le van a durar nada en el plato. Yo ya repetí, porque obviamente hice más de la cuenta.

Provecho!

visto 24217 veces por 3093 visitantes

Arroz Con Leche a Prueba de Tontos

Friday, September 11th, 2009

El arroz con leche es un postre que le recomiendo a todos que aprendan a hacer. En primer lugar, la casa les va a oler delicioso mientras se cocina, dándoles esa sensación de hogar, y en segundo lugar, sabe delicioso. Caliente o frío, es bueno tenerlo en el arsenal de recetas, sobre todo porque no demora nada en hacer y es de esas cosas que si lo haces y le das a tu mamá, ella quedará con la  certeza que triunfarás en el mundo.

arroz con leche calientito

arroz con leche calientito

Ingredientes:

1 tz de arroz
1 lata de leche condensada
1 lata de leche evaporada o crema de leche
1 pizca de sal
al gusto:
canela en astilla
clavos de olor
ralladura de limón
esencia de vainilla
opcionales:
coco rallado
pasas
ron

Pasos:

Si va a usar pasas, recomiendo que las ponga a hidratar un poco en ron, les da un sabor delicioso. Si no tiene ron, use el licor q más le guste que crea ud q vaya a rimar.

Poner a hervir 2 tazas de agua con la canela, el clavo y la ralladura de limón. Cuando hierva, si le molestan las astillas de canela y los clavos de olor, puede sacarlos y seguir. A mi no me molestan, así que yo los dejo por el look. Agregar la taza de arroz. Bajar a fuego medio hasta que se haga el arroz y se evapore casi toda el agua (para saber que el arroz está hecho, dele una probadita). Adicione aquí una pizca de sal, es la que va a sacar a relucir los sabores. Agregar la lata de leche evaporada, revolver y esperar a que hierva. En este momento es que puede usted agregar el coco y las pasas hidratadas en ron. Dejar cocinar otro ratito y agregar la lata de leche condensada y un chorrito de esencia de vainilla. Apagar.

Acá usted elige: si le gusta comer arroz con leche caliente (perfecto para un día frío) entonces sírvase, rocíe un poco de canela molida encima y dele viaje. Hay otros que les gusta el arroz con leche reposado. Si ese es el caso, transfiera el arroz con leche a copitas individuales o un recipiente grande, rocíe canela sobre la superficie y deje reposar antes de disfrutar.

arroz con leche enfriando
arroz con leche enfriando

visto 22081 veces por 2750 visitantes